Durante los siglos XVI-XVIII fue relevante el papel que representaron los misioneros españoles en China. El cristianismo entró en China a través del nestorianismo durante la dinastía Tang (s.VII) pero no sería hasta el siglo XIII cuando el cristianismo se introdujese en China por medio de los franciscanos. San Francisco Javier quizá haya sido el primer en llegar atierras chinas. Con amplia experiencia en Asia, sobre todo, en India y Japón, Francisco Javier llegó sólo a Shangchuan (Sancián) en 1552, una isla cerca de Cantón, donde moriría poco después sin cumplir su sueño de llegar a Pekín. Martín de Rada si consiguió entrar en China. Este agustino, que realizaba labores evangelizadoras en Filipinas, se trasladó junto a Jerónimo Martín hasta Fujian en 1575 con la primera misión diplomática española a China y escribió un libro al respecto donde explica por primera vez que Catay y China son un mismo país. Uno de los más importantes misioneros fue el jesuita Diego de Pantoja que entró en el año 1600 clandestinamente a China para reunirse con el italiano Mateo Ricci. Consiguieron acceder al Emperador y colaborar en el desarrollo de los conocimientos astronómicos occidentales en China. Otros misioneros españoles relevantes fueron Juan Bautista de Morales y Antonio de Santa María Caballero y Domingo Fernández Navarrete. La importancia del papel de los jesuitas en China fue muy relevante para conocer esta civilización ya que a través de sus escritos se divulgó en Europa sus conocimientos sobre China. España llegó a ser en el s. XVII centro de estudios sicológicos de Occidente por la obra de varios religiosos como rada, Mendoza o Pantoja durante esa época. Sin embargo, la denominada “Controversia de los Ritos”, es decir Mateo Ricci y Diego de Pantoja defendieron una política de adaptación de las creencias cristianas a la sociedad china respetando para ellos los símbolos y los valores chinos. Así ala palabra cristiana Díos se traducía por la china “Shangai” que significa, en realidad “Cielo Augusto” tal y como se recogía en los libros clásicos chinos. Cuando Nicolás Longobardi asumió la jefatura de la misión de los jesuitas en China se opuso a esa política complaciente y defendió la pureza e los dogmas y valores cristianos. La controversia no se zanjó en la reunión de los jesuitas de China en Jiadiing en 1627 sino que se extendió a otras comunidades religiosas y duró unos 150 años sin acuerdo entre jesuitas y otras órdenes.